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La cueva de Hércules

La cueva de HérculesLos nazis en Toledo

Sorprendente resultó para el público común, saber que el Reichfuhrer alemán había estado en España. Se decía que el Jefe de las SS alemanas había visitado el Monasterio de Montserrat en Barcelona. Sin embargo, hoy sabemos más:

El viaje de Heinrich Himmler en España fue un recorrido de motivación exclusivamente iniciática, mágica y ocultista, y comprendió varias ciudades españolas, entre ellas Barcelona.
Mucha gente ignora que Himmler estuvo también en Toledo. Y precisamente, la visita principal de Himmler fue a Toledo. Veamos por qué….

El origen ocultista de los nazis

Entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, la vieja Europa central era un hervidero de sociedades secretas. En países como Francia y Alemania, quien no pertenecía a una sociedad secreta estaba desarraigado, lejos de los centros de decisiones políticas, sociales y culturales, y fuera de todo. Escritores, pintores, artistas, pensadores, políticos, e incluso muchos miembros de La iglesia Católica y del Alto Clero engrosaban las filas de estas extrañas sociedades que se habían puesto de moda en la sociedad.

Ya en Alemania, en 1776, había surgido una importante sociedad ocultista: Los Iluminados de Baviera, o Illuminati, creada por Adam Weishaupt, que llegaría a tener cada vez más proyección mundial desde entonces y en los siglos siguientes.

El régimen nazi se fue gestando en Alemania justamente a través del caldo de cutivo que fueron desarrollando las sociedades ocultas germanas de principios del siglo XX, principalmente la Sociedad Thule.

El 17 de agosto de 1918 el ocultista alemán Rudolf Von Sebottendorff funda la Sociedad Thule, concebida como una Orden de los Teutones. Thule fué mencionada por el poeta romano Virgilio en su obra La Eneida y era un país que los geógrafos clásicos situaban en el lejano norte de La Tierra, entre las zonas de Groenlandia, Escandinavia e Islandia.

Los miembros de la Sociedad Thule creían en la existencia de un mundo intraterreno y en una ancestral raza aria superior, más evolucionada, proveniente del continente perdido de la Atlántida. Tras el desastre de la Atlántida, probablemente a consecuencia de un Diluvio Universal, sus habitantes se refugiaron en otras zonas de la Tierra, en especial en el Tibet y en la Cordillera del Himalaya, la zona más alta del planeta.

El Nazismo no era lo que la gente comúnmente ha creído, un movimiento político, sino una auténtica religión, y una religión ocultista, que tenía en Adolf Hitler a su Mesías germánico, Heinrich Himmler era el Sumo Sacerdote y las SS eran el Clero de sacerdotes guerreros.

La idea central de la religión nazi era que los antepasados de los arios germánicos y nórdicos, eran «los dioses», es decir, que provenían de una especie superior, más evolucionada, y mediante la selección genética aria se trataba de recuperar de nuevo a ese modelo superman, el superhombre-dios germano de la antigüedad.

Durante la guerra cientos de miles de niños de apariencia aria fueron secuestrados de los países ocupados por los nazis y trasladados a Alemania, para ser educados en la doctrina y mitología germánica nazi.

La Sociedad ocultista Thule mantuvo estrechos contactos con los seguidores de la Teosofía y con la vidente ocultista Helena Blavatsky, quien fué una de las figuras que más influencia ha dejado en el movimiento ocultista en general.

La Sociedad Thule empezó a crecer en Munich y en toda Baviera. Sus reuniones se celebraban frecuentemente en hoteles de lujo. A Thule pertenecían Adolf Hitler, Rudolf Hess, Heinrich Himmler, Alfred Rosenberg, y un largo etcétera de personajes relevantes. A medida que el partido nazi fue intengrándose en Thule, la sociedad fué derivando hacia posiciones más políticas, sociales y racistas.

La Sociedad ocultista Thule, que contaba entre sus miembros a algunas de las personas más ricas de Munich, decidió financiar el partido político de Hitler. La sociedad Thule había visto en Hitler al esperado «mesías germánico».

A partir de la Sociedad Thule también surgió la Sociedad Vrill que cultivó unos objetivos mucho más físicos y materiales, hacia la creación de nuevas tecnologías, armas nuevas y naves voladoras y espaciales. Si bien ambas sociedades seguían coordinadas y realizaban también reuniones conjuntas. La sociedad Vril ritualizaba sesiones mediúmnicas espiritistas y de sus contactos con los espíritus obtenían sus informaciones que pasaban a materializarlas en la práctica.

Cuando Hitler tomó todo el control del poder, prohibió de manera oficial todas estas sectas ocultistas, para anularlas, ya que constituían una amenaza peligrosa de poder sin control, pero en realidad lo que hizo fué integrar a sus miembros dentro de la estructura nazi y de los distintos departamentos de investigación de las SS.

Las SS (Shutz Staffel, Tropas de Protección) era una Orden Mística de Caballería, a la manera de los antiguos Caballeros Templarios o los Teutones, que tenía cometidos como la protección de los líderes del partido, velar por la pureza de los ideales del partido nazi, conservar las tradiciones germánicas, y actuaban como extraños sacerdotes, una especie de monjes-caballeros, de una religión germánica teutónica ancestral, incluyendo todos los rituales propios de esta religión pagana.

Una sección de las SS era la Ahnenerbe (Herencia Ancestral Alemana), creada el 1 de julio de 1935, por inspiración de Heinrich Himmler, Hermann Wirth, y Walter Darré. especializada en investigaciones científicas y arqueológicas en apoyo de la tesis de la superioridad de la raza aria. Aparte del estudio de la Herencia ancestral aria, la Ahnenerbe también buscaba objetos míticos antiguos, de poder, para utilizarlos al servicio de la religión ocultista nazi.

La Ahnenerbe incluía unidades especiales para realizar expediciones por todo el mundo, en busca de pruebas de la raza aria y reliquias sagradas de poder, objetos de culto, etc.., como pudieran ser el Arca de la Alianza, La Lanza de Longinos, La Mesa de Salomón, El Santo Grial, etc… Entre estas expediciones figuran las realizadas al Tibet, a Sudamérica, Europa, etc…

La búsqueda para demostrar la superioridad de la raza aria pronto rayó en lo criminal. Se empezó a matar a gente para hacer experimentos y estudios científicos.

A partir de 1939 y durante la II Guerra Mundial, la Ahnenerbe, dirigida en sus operaciones por Wolfram Sievers, organizó, según las directrices de Himmler, el tráfico de seres humanos destinados a los experimentos de los científicos e investigadores de las SS. Los prisioneros que sufrían estos experimentos procedían de los campos de concentración de los nazis.

Esta colección de horrores que patrocinaba la Ahnenerbe llevó a que, posteriormente, durante el proceso de Nuremberg, fuera considerada como una organización criminal en 1946, y juzgados sus miembros responsables.

Poseían laboratorios, cientos de científicos, fotógrafos, arqueólogos profesionales, bibliotecas, talleres de investigación, etc… La Ahnenerbe nutría su información a partir de una sección de mediums al servicio de esta unidad de las SS, durante sus sesiones rituales secretas de contactos espiritistas.

El centro del culto de las SS era el castillo de Wewelsburg, en Westfalia, que Heinrich Himmler compró en ruinas en 1934 y reconstruyó durante los 11 años siguientes, con un coste de 13 millones de marcos. Para asegurarse la mano de obra en la construcción de este emplazamiento mágico, Himmler mandó instalar un Campo de Concentración en las proximidades de Wewelsburg, y 4000 prisioneros trabajaron en el Castillo de Himmler, muriendo más de 1.000 de aquellos trabajadores esclavos mientras duraron las obras.

Himmler pretendía, puesto que ya tenía los planos y las maquetas, extender hacia el exterior del castillo toda una ciudad sagrada cuyo conjunto haría el papel de Ciudad Vaticana Nazi de las SS. Esta fase de ampliación de Wewelsburg estaba aún en proyecto.

Bajo la torre principal, estaba la Cripta con techo en forma de bóveda, y este espacio secreto subterráneo tenía una gran mesa simbólica redonda, de piedra, en forma de pozo, en cuyo centro ardía una «llama sagrada», y alrededor de esta Mesa de piedra, había 13 sillones de piedra en los que se sentaban Himmler y sus 12 Caballeros, que eran los 12 generales de las SS de mayor rango, a la manera mítica del Rey Arturo y la Tabla Redonda. Cuando moría uno de esos generales, otro nuevo ocupaba su lugar, para que siempre hubiera 12 caballeros generales.

En los interiores del Castillo de Wewelsburg se realizaban rituales místicos y sesiones de contactos espiritistas en las que los mediums contactaban con los espíritus y entidades desconocidas, con objeto de extraer valiosa información para sus propósitos.

En Alemania, las religiones convencionales europeas, como el catolicismo, protestantismo, etc…, fueron relegadas y pasaron a un segundo plano. La nueva Alemania nazi tenía una nueva, aunque al mismo tiempo, ancestral religión oficial: la Religión Pagana Teutónica. Los teutones eran un pueblo ancestral de raza germánica que había habitado en la desembocadura del Río Elba.

Este Castillo era el equivalente al Vaticano para la religión católica, la sede central de esta religión pagana nórdica-germánica, la religión que debía venerarse en el régimen nazi y cuyos sacerdotes druidas guerreros eran los miembros de las SS.

SS, La Orden secreta del Sol Negro

El nombre secreto de las SS en realidad era «La Orden del Sol Negro», una extraña sociedad secreta ocultista, el centro neurálgico de la religión esotérica nazi. Bajo las palabras «Shutz Staffel» «Tropas de Protección» se ocultaba en realidad su esencia auténtica: «Schwarze Sonne», El Sol Negro.

El Sol Negro, en alemán «Schwarze Sonne», era el verdadero significado del nombre de la Orden mística de caballería de las SS. Es un símbolo ocultista que representa a un sol oculto de 12 rayos, el cual se creía que era la fuente de poder de los arios. De ahí los 12 asientos, representando a los 12 rayos del Sol Negro.

Curiosamente, en la enseña nazi común de la svástica, también podría interpretarse como dos signos «S» o runas sigel (con la «s» ) cruzadas. La runa Sigel hace referencia de nuevo al Sol, que coincide con que el dios Sol es el gran dios pagano venerado desde los tiempos del Antiguo Egipto, los mayas, y el común de todos los pueblos ancestrales de la Tierra.

Este símbolo de la svástica podría interpretarse también como «Schwarze Sonne». Pues aunque se dice sobre su inspiración en el símbolo oriental de la buena fortuna, éste tiene los brazos hacia la izquierda mientras que los brazos del emblema nazi giran hacia la derecha, precisamente para formar las dos runas sigel (S) cruzadas.

La Ahnenerbe viaja a Toledo

La visita de la comitiva alemana en 1940 no era una visita protocolaria común realizada por altos cargos de la Alemania nazi, ni tenía un interés político ni estratégico ni en relación a la contienda bélica. Era una delegación expresa de las SS, y en concreto de su unidad arqueológica, la Ahnenerbe, encabezada por su máximo jefe, el Reichfuhrer Heinrich Himmler.

Se trataba de una Expedición al más alto nivel por motivos esotéricos, a la caza y captura de reliquias sagradas de poder. España ofrecía un gran interés ya que durante su historia, y sobre todo la ciudad de Toledo, había sido la capital del Reino de los Visigodos, el Reino de los nórdicos arios de la Europa del Norte y con ellos llevaban todos los tesoros visigodos y reliquias antiguas saqueadas de Roma y a su vez de Jerusalén.

Ya entre 1934 y 1936, unidades de investigación arqueológica de las SS habían estado en España realizando reconocimientos en zonas arqueológicas españolas de interés para los nazis.

La tradición decía que la Mesa de Salomón, la Menorah o candelabro judío de 7 brazos, y el tesoro visigodo en general, habían sido trasladados por los romanos de Jerusalén a Roma; tras la caída del Imperio Romano, de allí los godos lo llevaron a Francia, a su antigua capital Toulouse, y ante la arremetida de los francos merovingios, mandados por Clovis, los visigodos y sus tesoros, tuvieron que refugiarse hacia Carcassonne y Rhedae, el actual pueblo Rennes le Chateau, para adentrarse después hacia la Península Ibérica, pasando primero por Barcelona y terminando en Toledo, la nueva capital de los godos.

Esta ruta del tesoro histórico visigodo, y de sus reliquias sagradas de poder, que quedó finalmente estacionado y protegido en Toledo, explica el lógico interés de los nazis y de la Ahnenerbe en Toledo, que sin duda era el destino más importante del itinerario de la comitiva de las SS en España, el epicentro de los objetos de poder en España.

Sin embargo Heinrich Himmler también le había dado cierta importancia a su visita prevista posteriormente a Barcelona, al Monasterio de Montserrat, ya que el Reichfuhrer de las SS tenía una obsesión personal con la búsqueda del Santo Grial y quería encontrarlo para llevarlo ante la Mesa de piedra redonda de los 12 Caballeros del Castillo de Wewelsburg, siguiendo el símil iniciático del Rey Arturo. De hecho, Himmler siempre llevaba consigo un ejemplar de Parsifal, la obra de Wolfram Von Eschembach.

Según esta leyenda del Santo Grial, el objeto en cuestión, la copa sagrada, tenía que ver con una extraña esmeralda caída de la mismísima frente de Lucifer, o de su corona, como también se puede entender y según citan otras versiones, y que según Eschembach, llama «lapis exillis» o «piedra del cielo». Más tarde esta piedra preciosa habría sido tallada por un ángel que la convirtió en copa.

El autor de la obra Parsifal, Wolfram Von Eschembach, cita sus fuentes, y dice que fue un trovador provenzal llamado Kyot quien le relató la historia del Grial. Este trovador había estado en Toledo y allí descubrió unos textos escritos por un judío llamado Flegetanis, al parecer del linaje de Salomón, que se referían a la piedra esmeralda. Es curioso que esta obra de Parsifal, haga una referencia a un objeto sagrado custodiado en Toledo, detalle que ha llevado a algunos autores a identificar o a relacionar esta piedra esmeralda con la Mesa de Salomón, que también es mencionada por algunos autores como la «Tabla Esmeraldina».

Así que ya vemos que, en este caso, la leyenda del Santo Grial se cruza con la leyenda de la Mesa de Salomón; en este caso de Parsifal, el Santo Grial deriva de La Mesa de Salomón; y que al final, de un modo u otro, siempre sale a relucir Toledo, como referencia primaria, fija y permanente, de tesoros y objetos sagrados de poder.

En cambio la obsesión de Hitler por una reliquia sagrada determinada cayó en La lanza de Longinos, la cual mandó extraer de la vitrina de un museo de Viena, en cuanto los nazis ocuparon Austria, y trasladarla a Nüremberg, la capital espiritual de la Alemania nazi.

Pero por supuesto que la Ahnenerbe estaba interesada en conseguir todo tipo de objetos de poder y de cualquier lugar del mundo.

No se sabía dónde se ubicaba el monte Montsalvat en cuya cueva se había escondido el santo grial. Monsalvat no venía en ningún mapa, ni había datos concretos. Pero se había identificado con el Monte mágico y legendario de Montsegur en el País Cátaro francés;

Esa había sido la conclusión del competente arqueólogo de las SS, Otto Rhan, el cual estuvo investigando pacientemente durante mucho tiempo en la provincia del Languedoc, en los pirineos franceses. Otto Rhan era un arqueólogo de gran prestigio que fue reclutado para las SS por el General Karl Wolff, brazo derecho de Heinrich Himmler.

Heinrich Himmler, Reichsfuhrer de las SS desde 1929, Jefe de la Policía Secreta Gestapo desde 1934 y Jefe de la Ahnenerbe desde 1935, realizó un viaje a España en octubre de 1940, con un séquito de 25 oficiales de las SS. En la agenda de Himmler no podía faltar la visita a la capital del Reino Visigodo: Toledo, en donde reposan, desafiando el paso del tiempo, numerosos tesoros visigodos y La Mesa de Salomón.

Montsalvat debía ser Montsegur. Había, además, leyendas de la Edad Media, de los monjes puros, los cátaros, que relacionan también a Montsegur con el Santo Grial, aunque en este caso, en forma de dinastía humana, en relación a un supuesto linaje entre Jesús y María Magdalena. Pero en cualquier caso, Himmler y la Ahnenerbe tampoco querían descartar del todo a Montserrat de la búsqueda griálica. Después de todo, los términos de Monsalvat y Montserrat también tenían parecido y eran de la misma raíz.

Pero los nazis arqueólogos de las SS, los caballeros negros del Castillo de Wewelsburg tenían interés en la Montaña Mágica de Montserrat, principalmente como lugar mágico de poder, y sobre todo en sus interioridades subterráneas, anfitrionas ideales para sus cultos negros secretos, pues no en vano la Orden mística y ocultista de Himmler había levantado su fortaleza central de Wewelsburg junto a las Montañas rocosas de Externsteine, (Rocas venidas de las Estrellas) en la zona de Nort Westfalia, un auténtico enclave mágico y de poder pagano y oculto en Alemania.

El arqueólogo alemán Otto Rhan, ingresó en las SS el 12 de marzo de 1936, reclutado por el general de las SS Karl Wolff. En la fotografía de la derecha, y a la izquierda de la imagen, aparece Otto Rhan con su vestimenta militar de las SS.

Pero Toledo era una pista auténtica y fiable, una pista real, histórica y verdaderamente indiscutible, que no ofrecía confusión de palabras o términos en poemas épicos antiguos. La sección de contactistas mediums de la Ahnenerbe habían informado de que en Toledo, efectivamente, estaba la Mesa de Salomón, pero que estaba muy bien protegida, y que iba a resultar muy difícil o imposible apoderarse de ella.

El Reichfuhrer de las SS y sus colaboradores, así como el propio Hitler, conocían perfectamente la leyenda antigua que decía que quien posea la Mesa de Salomón sería el dueño del mundo, y esto era algo que les atraía enormemente hacia la posesión de dicha reliquia milenaria. Pues la Mesa de Salomón, junto con el Arca de la Alianza son los objetos sagrados de poder más poderosos que hayan existido nunca.
Todo esto nos indica acerca de la importancia central que tenía Toledo en la visita esotérica que hacía Heinrich Himmler a España.

El itinerario del viaje de la comitiva de Himmler a España sería el siguiente y por este orden: San Sebastían, Burgos, Madrid, Toledo y Barcelona.

El 19 de octubre de 1940 Himmler y un séquito de 25 oficiales de las SS, encabezados por el general Karl Wolff, Jefe del Estado Mayor, y el capitán Günter Alquen, iniciaron el periplo iniciático y esotérico por la Península Ibérica. Ese mismo día, visitaron San Sebastián y Burgos.

El 20 de octubre de 1940 la comitiva de las gorras con calaveras llegó a Madrid, en medio de un recibimiento por todo lo alto en la Estación de trenes del Norte, encabezado por el ministro del régimen Serrano Suñer. Después Himmler se entrevistó con Franco en su Residencia de El Pardo, un pequeño pueblo tranquilo, situado al norte de la capital. Ya en Madrid, Himmler se entrevistó con Julio Martínez Santa Olalla, el comisario de Falange para la Arqueología, jefe de la «Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas», que fué creada en 1939, una unidad arqueológica española que imitaba a la Ahnenerbe.

De algún modo, y en versión franquista española, La Falange hacía el papel de las SS, una orden uniformada que velaba por la pureza del régimen, y la Comisaría de Arqueología española hacía el papel de la Ahnenerbe nazi.

Las relaciones de España con Alemania eran buenas, afines. A Hitler le venía muy bien que en Europa hubiera un país como España, pues siempre, de un modo u otro, podía prestar su ayuda y colaboración a los nazis.

Sin embargo había algo extraño que no terminaba de encajar entre los regímenes nazi y franquista: el régimen de Franco era declaradamente ultracatólico tradicionalista, aliado incondicional del Vaticano Romano, y en cambio el nazismo alemán fomentaba unos valores extraños, claramente anticristianos, que habían ido marginando la doctrina católica en Alemania e impulsando a la vez una nueva religión germánica, ritual y esotérica, basada en la vuelta a las creencias ancestrales paganas de los pueblos teutones y nórdicos, cuyos máximos sacerdotes druidas, vestidos de negro y adornados con siniestras calaveras, estaban precisamente ahora de visita en España, liderados por el temido en toda Europa Heinrich Himmler.

El 21 de octubre los invitados de las SS visitaron El Escorial. Y realizada esta última visita al monasterio de este pueblo de la sierra madrileña, la comitiva negra puso rumbo a Toledo.

Al llegar a Toledo, el Jefe de los Campos de Concentración Nazis, Heinrich Himmler y su comitiva fueron recibidos por el mejor anfitrión de Toledo que podía guiarles, el General Moscardó, el cual les mostró las ruinas de El Alcázar, tal como quedó tras el famoso asedio que padeció la fortaleza en 1936.

Moscardó explicaba los detalles a Himmler. Himmler era acompañado en todo momento por uno de sus principales colaboradores, el general de las SS Karl Wolff, quien no perdía detalle de todo cuanto veía en Toledo. Los visitantes germanos quedaron admirados y entusiasmados de la epopeya numantina de Toledo y de que se lo pudiera explicar en persona su principal protagonista, superviviente del episodio.

El destacamento de la Ahnenerbe también visitó el centro del casco histórico de la ciudad, contemplaron la Catedral de Toledo y atravesando la plaza, subieron por el lateral norte del edificio del Ayuntamiento de Toledo, escoltado de militares de gala en formación presentando sus armas.

Hasta entonces, la comitiva de las SS encabezada por Himmler, apenas había estado unas horas en cada uno de los primeros destinos de visita, San Sebastián, Burgos, Madrid, El Pardo, y El Escorial. Himmler y los oficiales de rango de las SS que le acompañaban, se sentían a gusto en Toledo. Y Toledo era el Destino. Por eso los visitantes nazis se quedaron a pernoctar en la ciudad visigoda.

Veamos de nuevo quién va detrás de Himmler en la comitiva de la Ahnenerbe desde la Catedral de Toledo, atravesando la plaza y subiendo el lateral del Ayuntamiento. ¡Sí, de nuevo es Santa Olalla, el comisario de Falange para la Arqueología!…, pegado a Himmler. El Jefe de la «Ahnenerbe española» es el guía imprescindible de Toledo para Himmler…

Al día siguiente, 22 de octubre de 1940, el segundo hombre más poderoso de la Alemania nazi, después de Hitler, Heinrich Himmler, visitó el Museo Arqueológico Nacional; su guía imprescindible era el falangista Julio Martínez Santa Olalla, jefe de la «Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas», el equivalente franquista de la Ahnenerbe nazi, del que fué calcado.

Santa Olalla había sido profesor en la Universidad de Bonn entre 1927 y 1931; germanófilo declarado, era hijo de un general amigo de Franco, y gran amigo de Wolfram Sievers, el director de la unidad de operaciones especiales de la Ahnenerbe. Santa Olalla era un gran defensor de las raíces arias y celtas de España, ignorando al pueblo íbero.

El Reichfuhrer mostró mucho interés y fervor por todo tipo de piezas de origen visigodo, lo que motivó que Santa Olalla, halagado, le obsequiase con una de ellas. Himmler, muy diplomático, comentó que el Reino Visigodo había sido ya un primer lazo de unión entre los pueblos germano e hispano.

Al día siguiente, 23 de octubre, la comitiva de las SS voló hacia Barcelona. El jerarca nazi se alojó en el Hotel Ritz de Barcelona. Ante la concentración de admiradores y curiosos a los pies del hotel, aclamando al visitante, Himmler tuvo que salir al balcón de su suite para complacer al enfervorizado publico.

Uno de los libros que llevaba consigo Himmler era «La Corte de Lucifer» el libro que había escrito el arqueólogo de las SS, Otto Rhan. La visita principal se centró en el Monasterio de Montserrat. Los caballeros de las SS tenían gran interés en la Montaña Mágica de Montserrat y en sus interioridades subterráneas.

Al llegar al Monasterio de Montserrat, las máximas autoridades benedictinas del Monasterio no deseaban atender a Himmler, alegando no conocer el idioma alemán, ya que sabían acerca del ninguneo y marginamiento del régimen nazi hacia la Iglesia Católica, y que los nazis fomentaban una propia religión teutónica germánica, de creencias místicas y paganas. Así que los priores de Montserrat le encomendaron esta tarea de anfitrión de Himmler al joven padre Ripoll, el cual sí hablaba alemán.

Karl Wolff, general de las SS, que acompañaba a Himmler, para tranquilizar a los monjes del Monasterio de Montserrat, aclaró el objeto de la visita del grupo de las SS:

-No se preocupen. El interés real del Reichfuhrer en Montserrat no está en el Monasterio, sino en los túneles subterráneos de la Montaña.

Cumplido el programa, al día siguiente, Himmler salió en avión rumbo a Alemania.

Hay un hecho curioso, y es que dos días después de la visita de Himmler a Toledo, el día 23 de octubre de 1940, y mientras el Jefe de las SS, con su séquito siniestro, volaba a Barcelona, el Caudillo de España, Franco, y Adolf Hitler, se entrevistaban en Hendaya. Es curioso cómo coincide la reunión Franco-Hitler en el contexto de aquella semana de visita de Heinrich Himmler a España, y concretamente, justo después de su estancia en Toledo. Mientras Hitler estaba reunido con Franco, Himmler estaba en Barcelona.

Mientras el Jefe de las SS y de la Ahnenerbe, Heinrich Himmler, se encontraba de visita unos días en España, tuvo lugar la Entrevista entre Franco y Hitler en Hendaya, el 23 de octubre de 1940. Aquél día Himmler se encontraba en Barcelona, después de haber visitado, dos días antes, la ciudad de Toledo.

Por cierto que en aquella reunión de Franco con Hitler, asistió también el ministro español de asuntos exteriores, Ramón Serrano Suñer, y por parte alemana, Von Ribbentrop. Serrano Suñer, que se encontraba el día 21 en Toledo, tuvo que viajar también a Hendaya para estar presente en la reunión entre los dos Jefes de Estado.

Es decir, que la reunión entre Franco y Hitler tuvo lugar sin que Hitler tuviera todavía ningún informe de la estancia de Himmler en Barcelona. Era irrelevante. Pero sí había ya un informe de la visita del jefe de la Ahnenerbe a Toledo, que ya había tenido lugar dos días antes, que era lo importante.

Hay otro razonamiento que demuestra que la visita de Himmler a Toledo era la clave del viaje de la Ahnenerbe a España, y el razonamiento es el siguiente:

Siempre se ha dicho que la clave de la visita de Himmler a España era Santa Olalla, y es cierto.
Observemos un detalle, Santa Olalla no acompañó a Himmler a San Sebastián, ni a Burgos, ni tampoco a Barcelona. No hay fotografías ni información que muestren a Santa Olalla en Barcelona con la comitiva de las SS. Fué el General Orgaz quien se encargó de recibir y acompañar a Himmler en Barcelona.

Sin embargo Santa Olalla sí acompañó a Himmler a Toledo. Es cierto que también le acompañó a El Escorial, pero porque el Comisario falangista de la Arqueología fué asignado en Madrid a acompañar al séquito de Himmler en su viaje a Toledo. El Escorial era simplemente una escala de camino, en el viaje de la Ahnenerbe a Toledo, puesto que de El Escorial Himmler salió directamente hacia Toledo.

Pero es que además, esto mismo también se cumple con el ministro Ramón Serrano Suñer. El ministro Serrano Suñer no apareció para nada en San Sebastián, ni en Burgos, ni en Barcelona. Pero Serrano Suñer estuvo como un clavo allí en Toledo, puntualmente. Santa Olalla y Serrano, los dos representantes importantes, tenían que estar con Himmler en Toledo, porque Toledo era la clave importante y central de la visita de la Ahnenerbe a España.

¿Y qué era lo que había en Toledo? Pues no es ningún secreto, sobre todo para las órdenes ocultistas y herméticas, que desde hace muchos siglos hay muchas referencias, leyendas y crónicas, que narran que en Toledo se halla la Cueva de Hércules y dentro de ella, La Mesa de Salomón.

La Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas tenía también un proyecto de excavación conjunta con la Ahnenerbe en el yacimiento arqueológico visigodo de Castiltierra, en la provincia de Segovia, en el que la Falange y las SS trabajarían juntas. Himmler aceptó el programa de excavación conjunta en Segovia, pero lo pospuso para después de las operaciones militares en el Este. Mientras tanto, Ernst Schäfer, el capitán de las SS que dirigió la expedición al Tibet y que buscó el legendario Reino intraterreno de Agharta, se presentó en Segovia en 1941, enviado por Himmler, para reconocer el terreno del yacimiento segoviano.

De igual manera, desde 1939, la Ahnenerbe tenía planes para realizar investigaciones y excavaciones en las Islas Canarias, ya que los investigadores expertos de las SS como Herman Wirth consideraban que esas islas eran restos del continente perdido de la Atlántida, o que en todo caso, llegaron allí supervivientes ario-atlantes. Incluso ya estaba programado que fuera Otto Huth, otro investigador de la Ahnenerbe, quien dirigiera las excavaciones en Canarias. Pero esta operación de la Ahnenerbe en Canarias tuvo que posponerse indefinidamente, mientras durase la guerra.

Para los nazis, la búsqueda de la Mesa de Salomón en Toledo no se había cerrado, ni mucho menos. Durante los meses y años siguientes a la visita de Himmler a España, la unidad arqueológica de las SS, Ahnenerbe, y su homónima Ahnenerbe española, la «Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas» de España, creada a imagen y semejanza de la primera, dirigida por mandos y altos cargos de la Falange, siguieron manteniendo estrecho contacto, colaboración y seguimiento en una serie de temas y asuntos arqueológicos.

De hecho, el Comisario Jefe de la CGEA española, Julio Martínez Santa Olalla, realizó visitas secretas a Berlín, siendo recibido habitualmente en el aeropuerto de Tempelhof por su buen amigo, Wolfram Sievers, director de la unidad de operaciones especiales de la Ahnenerbe.

El comisario de Falange para la Arqueología en España, llevaba objetos interesantes e información reservada, de mucho interés para los investigadores arqueólogos de las SS, y siendo muy bien acogido por la cúpula de la Ahnenerbe alemana. Santa Olalla proporcionó mucho material a la Ahnenerbe. De vuelta a Madrid, el comisario arqueológico español, Santa Olalla, traía abundante material fotográfico y de revelado de alta tecnología, entre otros instrumentos científicos de investigación.

De igual manera, otro representante militar español, de máxima categoría, y con poder y mando sobre todo el asunto arqueológico en España, también iba a viajar con frecuencia a Alemania para mantener reuniones secretas del más alto nivel, con Adolf Hitler, Heinrich Himmler, y otros mandos nazis: el General José Moscardó e Ituarte, el mismo jefe militar que ejerció de anfitrión a Himmler en Toledo y le enseñó personalmente las ruinas de El Alcázar, en presencia también, como no, del Comisario Arqueológico Santa Olalla.

En 1939, el General Moscardó había sido nombrado Jefe de la Casa Militar de Franco, y en 1941 fué nombrado Jefe de la Falange Española y representante del Ejército español para visitar las tropas de la División Azul en Alemania y en el frente del Este. También era Jefe de varias Regiones militares de España. Moscardó, un auténtico brazo derecho de Franco, era el máximo Jefe de la Falange, organización que controlaba la actividad arqueológica en España, y a cuyo cargo y órdenes estaba la «Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas», creada en 1939.

En estas reuniones secretas de Moscardó con Hitler, y con Himmler, aparte de los temas habituales de conversación sobre el conflicto bélico europeo, trataron también asuntos de interés esotérico y arqueológico, pues tanto el Fuhrer como el Reichfurer, así como los altos mandos de Alemania, antes que nada, eran redomados ocultistas salidos de la Sociedad ocultista Thule.

Ninguna decisión bélica o de cualquier tipo se tomaba en el Alto Mando alemán sin antes consultar con los servicios especializados de mediums contactistas al servicio de las SS y del Fuhrer. Y Moscardó, el antiguo Jefe Militar de Toledo y Héroe de El Alcázar, traía de España la mejor información de la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas en relación a Toledo y la Mesa de Salomón, entre otras informaciones.

En septiembre de 1943 el general Karl Wolff fué enviado por Himmler a Italia como Comandante General de las SS y plenipotenciario militar de las zonas ocupadas, o lo que es lo mismo, embajador nazi ante la Santa Sede. En Roma Wolff podía tener todos los contactos necesarios, entrevistas y negociaciones con el Vaticano.

Tanto Hitler como Himmler conocían perfectamente la leyenda antigua que decía «El que posea la Mesa de Salomón será el dueño del mundo». La Mesa del sabio Salomón era un potente ordenador sobrenatural, capaz de materializar físicamente cualquier energía, concepto o plano teórico, y además podía mostrar imágenes de tiempos pasados y futuros, lo que le convertía en un objeto sagrado con un poder inigualable.

Himmler había estado en Toledo buscando la cueva de Hércules y la Mesa de Salomón, y aún estando él mismo en contacto directo con los espíritus, en sesiones rituales espiritistas, no pudo hallarla, pues para Himmler nada hubiera sido un impedimento, y de haberlo sabido cuando estuvo en Toledo, habría arrasado con todo, y habría allanado Toledo de haber sabido cómo apoderarse de la Mesa de Salomón. Los caballeros negros y druidas de Externsteine no pudieron llevar la Mesa de Salomón a su Castillo iniciático, tal y como hubiera sido su mayor deseo y aspiración esotérica.

Pero La Mesa de Salomón es un objeto diseñado por el Rey hebreo Salomón, ascendiente de Jesucristo, y no se construyó para que cayera en manos tenebrosas, de exterminadores ni genocidas, ni para ser objeto de deleite para sectas ocultistas que conspiran contra Dios. Por eso está protegida sobrenaturalmente de manera que nadie en La Tierra pueda hacerse con ella, excepto aquellas personas que Dios mismo disponga. Es un caso similar al Arca de la Alianza.

Por el contrario, el Reichfuhrer de la Alemania nazi terminó mal sus últimos días. En mayo de 1945, ante el avance del Ejército Rojo, a Himmler le fué encomendada la defensa del frente del Este pero la operación resultó un desastre.

Viendo que todo estaba perdido, Himmler trató de pactar un armisticio con los aliados del Oeste, pero Hitler lo descubrió, le retiró su confianza y ordenó su detención. Himmler escapó refugiándose de incógnito en Baviera, utilizando la identidad de un campesino muerto llamado Heinrich Hitzinger, pero fué arrestado por una patrulla inglesa cerca de Bremen y trasladado a un campo de detención en donde le reconoció el capitán Silverter. Antes de su interrogatorio, Himmler tragó una cápsula de cianuro que ocultaba en su dentadura.

Seguramente, si Himmler no hubiera hecho aquella estratagema y hubiera gozado de la confianza de Hitler, se habría salvado y habría acompañado al Fuhrer al submarino que le llevó a tierras argentinas, protegido y ayudado, al igual que todos los demás jerarcas nazis que escapaban, como Mengele, Borman, y tantos otros, por el Vaticano de Roma, el cual al final fué el que salió ganando de la Contienda y del Holocausto, como siempre, y se embolsó a cambio todo el oro judío, que nunca devolvió a nadie.

En el bunker del Fuhrer, quedaba muerto de un disparo en la frente, tendido sobre el suelo, uno de los dobles de Hitler, demasiado joven y delgado para ser el sesentón, ya con aspecto mayor, que era Adolf Hitler. Nadie que se vaya a suicidar se dispara en plena frente, sino en la sien.

Pero a los gobiernos aliados le convino más la versión del suicidio, para cerrar psicológicamente el episodio de la contienda bélica, y que se pudiera abrir una nueva etapa histórica en el mundo.

Wolfram Sievers, director de operaciones de la Ahnenerbe, el amigo de Santa Olalla, durante el Juicio de Nuremberg, fué juzgado dentro del «proceso de los doctores y experimentaciones nazis», siendo ahorcado el 2 de junio de 1948.

En cuanto a Santa Olalla, desde 1944, año que marca el cambio de rumbo en la Guerra Mundial, y con el fín de la contienda bélica mundial, España tuvo que ir distanciándose poco a poco del germanismo y motrar una neutralidad más cercana hacia los países aliados, lo cual fué originando, durante el franquismo, la caída en desgracia de Santa Olalla y de sus posturas ario-germánicas. Santa Olalla no tenía buenas relaciones con los responsables oficiales de la Cultura y del Arte; había rumores de que era homosexual.

La Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas, el engendro esotérico-arqueológico pronazi, calcado de la unidad nazi de las SS, Ahnenerbe, que había sido creada en 1939, fué suprimida en el año 1955. La aventura esotérica-arqueológica del franquismo germánico había durado 16 años. En 1955, dentro de la dictadura franquista, pero ya en otra época de contexto mundial, se crea el Servicio Nacional de Excavaciones Arqueológicas.

Acabada la II Guerra Mundial, en España, durante la larga dictadura de 40 años, y con la debacle del germanismo, la Falange poco a poco fué perdiendo el poder en favor del Opus Dei y del conglomerado ultracatólico, el cual ejerció toda su influencia y tremendo poder absoluto desde su gran feudo, la capital primada católica de España: Toledo.

Hoy en día, en el año de 2008, las cosas siguen más o menos igual. Los gobiernos de nuestro país se lo van relevando entre masones del partido socialista y opusdeístas del partido popular.

Porque en este sistema viejo y corrupto de cosas, los patrimonios y los bienes siempre son administrados, en todos los países, por los grupos oscuros de las sombras, ya sean de una facción o de otra, pues todas ellas, aún en aparente rivalidad histórica y política, y sin que lo sepan sus miembros, pobres ilusos engañados, trabajan para la misma causa tenebrosa.

«Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el Maligno». 1ª Juan cap 5 vers 19.

El Alcázar de Toledo sigue en su sitio, ya restaurado hace tiempo. La Catedral de Toledo sigue en su sitio, y la Cueva de Hércules sigue en su sitio.

Y lejanos quedan ya los recuerdos de unos hombres extraños venidos de un país del norte, los visigodos del siglo XX, los hombres más poderosos del mundo en ese momento, que fueron aclamados como príncipes en toda España, y que estuvieron en Toledo, buscando la Mesa de Salomón.

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Publicado por en 3 octubre, 2011. Archivado en Misterios en la historia. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response or trackback to this entry

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